El fracaso del modelo de comunicación en las elecciones mexicanas

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Publicado en Vertigo Político.

El modelo de comunicación política-electoral derivado de las últimas reformas en la materia es un fracaso: demostró ser caro e ineficiente.

Las modificaciones legales, entre otras cosas, multiplicaron los spots de los partidos políticos y sobrerregularon el contenido.

El último proceso electoral dejó pruebas de que el modelo no cumple con el cometido de promover la participación de los ciudadanos en la vida pública del país; por el contrario, “bombardea”, molesta y aleja a los mexicanos con spots superficiales, no disminuye la guerra sucia entre partidos y limita la libertad de expresión.

En otras palabras, no es útil para los ciudadanos ni para la democracia.

Reforma política-electoral

El Senado de la República aprobó una reforma política-electoral el 13 de diciembre de 2013 y apareció publicada en el Diario Oficial de la Federación el 10 de febrero siguiente, luego de que la mayoría de los congresos estatales la votara.

La iniciativa modificó una treintena de artículos de la Constitución Política y creó 3 leyes el 23 de mayo de 2014.

  • Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales.
  • Ley General de Partidos Políticos.
  • Ley General en Materia de Delitos Electorales.

El artículo 41 constitucional, uno de los modificados con la reforma, así como la primera ley enunciada, definen el modelo de comunicación política-electoral.

“Los partidos políticos tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática, contribuir a la integración de los órganos de representación política y como organizaciones de ciudadanos, hacer posible el acceso de estos al ejercicio del poder público”, dice el artículo 41 de la Constitución.

La fracción III del artículo establece el derecho de los partidos a usar tiempos oficiales del Estado en radio y televisión.

La nueva Ley también eliminó las anteriores cápsulas de 5 minutos y dio paso a los spots de 30 segundos; además, aumentó a los partidos el número de minutos por día y estación de radio y televisión. Esto provocó la multiplicación de anuncios.

Al aprobar la reforma, los legisladores y partidos políticos afirmaron que se trataba del cambio más trascendental en el sistema político mexicano, tanto que lo pondría de ejemplo a nivel internacional. Habría reglas más claras y menos conflictos, dijeron. Pero no fue así.

Lluvia de spots

Durante el proceso electoral se transmitieron 39 millones 087 mil 360 spots de radio y televisión en 2,556 estaciones de radio y televisión, según lo programado en el Acuerdo del Comité de Radio y Televisión del Instituto Nacional Electoral del 10 de febrero de 2014.

Sin embargo, algunos analistas afirman que la cifra podría llegar a 40.90 millones de spots. La distribución de los mismos, entre el 8 de octubre de 2014 y el 4 de junio de 2015, fue la siguiente:

  • En precampañas, hubo 12.13 millones de spots.
  • En intercampañas, aparecieron 10.78 millones de spots.
  • Durante las campañas, hubo 16.17 millones de spots.

Hablamos de 113 spots por segundo durante 240 días continuos o, lo que es lo mismo, a lo largo de más de medio año.

La cifra total representa 16.83% más que en las elecciones intermedias de 2009, cuando hubo 33.45 millones de spots.

Según estimaciones de la consultora Integralia, dirigida por el ex presidente del órgano electoral, los spots de los primeros dos periodos tienen un valor aproximado de 15 mil 814 millones de pesos.

Esta cifra fue calculada sólo con las 116 emisoras del Valle de México. Si el dato se escalara a nivel nacional y durante las tres etapas electorales, la cantidad aumentaría varias decenas de miles de millones de pesos más.

Spots inútiles

Pese a los millones de spots y al enorme valor de mercado que representan, los spots tuvieron impacto negativo entre la población, en el mejor de los casos.

Una encuesta realizada por el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados en abril de este año, reveló que sólo el 42% de los mexicanos sabía que el 7 de junio se llevarían a cabo las elecciones. La mayoría de esos encuestados dijo que estaba al tanto de las elecciones a través de la televisión.

Después de estar sometidos a alrededor de 40 millones de spots en radio y televisión, sólo 4 de cada 10 mexicanos en edad de votar sabía cuándo se celebrarían los comicios.

Tal cantidad de spots sólo han tenido un efecto negativo en la población, como demostró un estudio sobre el modelo de comunicación política-electoral en México realizado por el entonces Instituto Federal Electoral en 2012.

Los ciudadanos que participaron en la investigación mostraron hartazgo debido a la saturación de mensajes por radio y televisión en 2012: “Los participantes del estudio (…) consideran que todos los candidatos realizaron campañas grises que atacaban y exhibían a otro candidato, lo cual conlleva un sentimiento de inconformidad y hartazgo”.

La reforma política-electoral de 2014 puso límites a la propaganda, entre otras cosas con el supuesto objetivo de disminuir las impugnaciones. Desde entonces, el apartado C de la fracción III del artículo 41 constitucional ordena lo siguiente: “En la propaganda política o electoral que difundan los partidos y candidatos deberán abstenerse de expresiones que calumnien a las personas”.

La Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, a través de los artículos 160 y 163, regula estas disposiciones: “El Consejo General (del INE…) podrá ordenar la suspensión inmediata de cualquier propaganda política o electoral en radio o televisión que resulte violatoria de esta Ley”.

Pese a esto, los candidatos no dejaron de lado la guerra sucia en batallas de 30 segundos. Además del hartazgo de los ciudadanos, los partidos multiplicaron los recursos ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. En 2009, los magistrados atendieron mil 578 casos. En el último proceso, la cifra alcanzó 14,566 hasta antes del día de la elección.

“¿Esto los desalienta o aleja de participar en los procesos electorales?”, se pregunta la autoridad electoral en el estudio aludido. La respuesta que da es que el elevado número de spots empieza a fomentar el alejamiento de los votantes porque perciben los mensajes como cinismo, cuando acaso los recuerdan.

Abstencionismo caro

Lo que sí es seguro es que la saturación de spots y guerra sucia no fomentan la participación, pues los altos índices de abstencionismo son todavía un problema de nuestro sistema electoral. El 7 de junio hubo un índice de abstencionismo de 52.28%.

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Los consejeros electorales festejaron el porcentaje de ciudadanos que acudieron a las urnas (47.72%), y si bien fue mayor a lo esperado (40%), México está en los primeros lugares de abstencionismo en América Latina, sólo por debajo de Colombia, a pesar de ser el sistema electoral más caro de la región.

Según un análisis del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP) de la Cámara de Diputados, el abstencionismo en Colombia fue de 55.65% en las elecciones de 2010. En Honduras, la cifra alcanzó 47.01% en 2009. En toda América Latina, el abstencionismo promedia 26.77%, la mitad de lo que tuvimos en México en las pasadas elecciones.

Durante la primera década del siglo XX, México tuvo el sistema electoral más costoso de Latinoamérica al gastar 17.24 dólares por elector, mientras que el promedio de la zona fue de 0.94 dólares. Costa Rica, el segundo país en invertir más, quedaba muy lejos de México con 8.58 dólares por voto, según la investigación ¿Cuestan demasiado las elecciones en México?, del académico del CIDE Marco A. Mena Rodríguez.

Como hemos visto, el modelo de comunicación política-electoral basado en la sobrerregulación y en millones de spots no abona en nada a la democracia ni a los ciudadanos, quienes en su mayoría se sienten insatisfechos y no apoyan a la democracia, según el Informe Latinobarómetro. La mitad de los mexicanos desconfía del INE y 8 de cada 10 no cree en los partidos políticos.

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