Podemos busca su propio bipartidismo

jpg

David Hernández Martínez

Hace ya casi dos años que el partido liderado por Pablo Iglesias nació bajo el paraguas de la indignación ciudadana y las exigencias de una gran parte de la sociedad, que quería una transformación radical del régimen político heredado de la Transición. Sin embargo, aunque no han sido pocos los que han identificado a Podemos como la brecha final y necesaria del bipartidismo, sus pasos de los últimos meses han ido desvelando sus verdaderas intenciones.

La formación morada no busca romper el tradicional tablero en el que se ha movido el panorama político español, confrontándose principalmente dos partidos, sino que busca progresivamente acaparar y monopolizar las posiciones del ala izquierda, para erigirse exclusivamente frente al Partido Popular. Así, su fin no es el de facilitar un contexto político más plural al ofrecido durante estas tres últimas décadas, sino meramente sustituir alguno de sus actores.

Dicha estrategia última, se puede resumir básicamente en tres razones. Primeramente, es más fácil actualmente que los cambios políticos se produzcan desde el lado de las fuerzas progresistas y de izquierdas, que de la derecha, que mantiene los cánones conservadores y tradicionalistas. Esto explicaría, entre otras cosas, que a Ciudadanos le cueste mucho más ascender en la política nacional que a Podemos, ya que el PP cimenta su poderío electoral en el miedo al cambio, la resignación y seguridad del inmovilismo de gran parte de la población. Mientras que la parte de la ciudadanía identificada con valores menos moderados, es más abierto a secundar movimientos rupturistas.

Segundo, tomando las enseñanzas de los maestros intelectuales de Iñigo Errejón, como Laclau o el profesor Javier Franzé, Podemos necesita para su composición ideológica y programática de una dicotomía “nosotros-ellos”, que le permita una confrontación directa sólo contra otra fuerza. De esta forma, el partido de Iglesias está más interesado en la supervivencia del mismo PP, que una disputa más abierta contra otros partidos como el PSOE o Ciudadanos, ya que eso difuminaría mucho más sus posibles apoyos.

Tercero, ligado a las otras dos razones previas, el discurso de Podemos siempre ha mantenido una misma línea argumental, abanderar las exigencias, anhelos y nuevas inquietudes de una creciente capa social, que desde la cúpula se bautizó como “la gente” o “los de abajo”. Para ello, necesita superar tanto en programa como en votos a los razonamientos de partidos que mantienen, en menor o mayor medida, un trasfondo de lucha de clases, como Izquierda Unida o el mismo PSOE. Así, le resulta imprescindible llegar a ser un referente de las posiciones de izquierdas, para que “los de abajo” sólo puedan identificarse como las siglas del partido morado.

Con este propósito, desde el primer momento Podemos buscó superar y absorber a Izquierda Unida, para después cercar al partido socialista. Para ambos casos la formación emergente bebe del eslogan del “voto útil”, por un lado interpretado como: no votes a IU porque Podemos tiene mucha mayor fuerza electoral que ellos, además llevan 20 años participando del mismo régimen político que PP y PSOE.

Por otro lado, orientado ese “voto útil” en la necesidad de superar al PSOE, como ocurrió en algunos ayuntamientos, para instituirse como el único partido capaz de hacer frente o ganar a los partidos de derechas.

De esta manera, Pablo Iglesias, Iñigo Errejón o Carolina Bescansa entre otros, pronto han entendido que para llegar al poder central, no se pasa por romper abruptamente el tablero del bipartidismo, puesto que se puede lograr, aprovechándose de su naturaleza para ir poco a poco suprimiendo rivales hasta quedarse frente a frente contra el contrincante necesario.

Comments

comments

Authors

Related posts

Top