¿Por qué les cuesta tanto a nuestros políticos pedir perdón?

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Foto: Reuters Publicado en El Mundo por Rodrigo Terrasa Tony Blair ha pedido perdón. Lo ha hecho 12 años después, pero ha admitido los“errores de la guerra de Irak” , incluso que la intervención liderada por la administración Bush y avalada, entre otros, por su gobierno británico y el gobierno español de Aznar propició el ascenso del Estado Islámico (IS). iphone 8 shockproof case red El ex líder laborista ha pedido disculpas por “los errores en el planeamiento y por el error a la hora de entender lo que ocurriría tras la caída del régimen”. Y la noticia no es tanto el contenido de su disculpa como el hecho de que pida perdón. Él, Blair, un político. La escena no es tan sorprendente en su país. En septiembre de 2012, el entonces viceprimer ministro británico y líder del Partido Liberal Demócrata, Nick Clegg, llegó a grabar un vídeo para pedir perdón por haber incumplido una promesa electoral. iphone 7 plus phone case screen protector Se disculpó por haber apoyado, como socio del gobierno, la subida de tasas universitarias que él mismo criticó durante la campaña dos años antes. El vídeo se titulaba ‘No es fácil decir esto’ y tiene más de 140.000 visitas en YouTube. “No es fácil decir esto: hicimos una promesa y no nos ceñimos a ella, por lo que pido perdón”, declaraba Clegg. “Cuando uno comete un error, debe disculparse”. apple iphone 7 plus phone case marble Si uno pone “David Cameron pide perdón” en Google salen casi 400 resultados. El primer ministro británico se ha disculpado públicamente por la tragedia del estadio de Hillsborough, por la colaboración de agentes británicos en la muerte de un abogado católico, por el ‘Domingo Sangriento’, por las negligencias de un hospital de Staffordshire y hasta por revelar una conversación privada con la Reina. Cameron se tuvo que disculpar ante Isabel II tras reconocer que la monarca “ronroneó” de satisfacción tras conocer la victoria del ‘no’ en el referéndum de Escocia. “Miren, estoy muy avergonzado por esto, lo siento mucho”, admitió. En el mapamundi político tenemos a Barack Obama, que pidió públicamente perdón a Médicos Sin Fronteras tras el ataque a un hospital afgano, pidió perdón por la muerte de dos rehenes en una operación militar en Pakistán y hasta se disculpó con el gobierno de Guatemala por los experimentos que infectaron intencionalmente a personas de ese país con sífilis y gonorrea entre 1946 y 1948. Y Bill Clinton se arrepintió de forma institucional en ‘prime time’ por su “relación no apropiada” con Monica Lewinsky. “Lamento profundamente haber engañado al pueblo de Estados Unidos y a mi familia por haber ocultado una relación no apropiada. Soy el único responsable”, dijo. “Es interesante observar las consecuencias que acarrea la solicitud del perdón dentro de la estrategia política”, subraya Euprepio Padula, coach y asesor político. “Una vez que se ha solicitado perdón a los ciudadanos, la percepción de estos hacia el político se modifica ligeramente. tech21 evo elite case for iphone 8 El que solía ser sujeto paciente y blanco de las críticas por una u otra actuación, pasa a ser sujeto activo solicitando un perdón que puede ser concedido o no. Lo que consiguió Clinton pidiendo perdón después del caso Lewinsky es archiconocido. No sólo fue perdonado por su mujer y sus electores, sino más respetado por sus adversarios y más simpático para toda la opinión pública. ¡Vuelve a ser uno de nosotros, infiel, débil, humano… sencillamente uno más de nosotros!”. “Si el arrepentimiento va acompañado de la reparación del mal cometido y la asunción de responsabilidades, puede incluso restaurar su imagen pública, pero si el arrepentimiento es únicamente cosmético, puede generar más indignación y ser calificado de cínico”, apunta Francesc Torralba, director de la Cátedra Ethos de Ética Aplicada de la Universidad Ramon Llull. “No bastan las palabras de disculpa; se requieren gestos, acciones efectivas para recomponer el orden originario”. En España, más allá de la famosa disculpa del Rey Juan Carlos I por su cacería en Botsuana, escasean los casos en los que un político ha admitido haberse equivocado. José María Aznar sólo pidió perdón a los gallegos por los errores cometidos en la gestión de la crisis del Prestige. “Soy consciente de que nuestros medios no siempre llegaron a tiempo a todos los lugares y asumo los errores que se han producido”, admitió Aznar entonces. “Pedir perdón cuesta mucho a los políticos por varios motivos”, reflexiona Padula. “El primero de ellos es porque supone el reconocimiento de un error, lo cualdemuestra inseguridades, debilidades, flaqueza que parecen poco compatibles para los líderes políticos. iphone 7 phone case baby Lo segundo es que, como consecuencia de esto, se dan a los rivales argumentos para desestabilizar y estructurar un ataque más sólido aprovechando la incapacidad manifiesta del rival político. Esto es uno de los motivos más relevantes en la cultura política española”. iphone 8 plus case slim fit

José Luis Rodríguez Zapatero sólo hizo autocrítica una vez abandonó la Moncloa. “Fue un error claro resistirnos a utilizar la palabra crisis”, reconoció dos años después de abandonar el Gobierno. Aunque nunca pidió perdón. “La palabra perdón no entra en el vocabulario de las responsabilidades políticas”, aseguró en una entrevista con EL MUNDO en 2014. A falta de las disculpas del jefe, varios militantes del PSOE sí se disculparon en un vídeo publicado en 2012. “Por no haber actuado a tiempo, por haber agachado la cabeza, por haber permitido la paciencia infinita con los bancos, por no haber sido valientes, por haberte fallado…”. “Es evidente que pedir perdón es un tema muy goloso para los adversarios políticos sin embargo lo más normal es que los simpatizantes de los políticos de turno, vean en ese gesto un acto humano y responsable y, por lo tanto, puedan acercarse a él de forma más natural”, explica Padula. “Pedir disculpas no es sencillo, el quid político es saber analizar correctamente su aplicación para ‘liberar’ al líder y ‘reconciliarlo’ con la sociedad”. Mariano Rajoy se ha visto obligado a pedir perdón al menos en dos ocasiones por los casos de corrupción que afectan a su partido. La primera vez fue en agosto de 2013, en pleno caso Bárcenas. ezzymob iphone 6 case “Me equivoqué”, dijo el presidente en el Congreso. “Lo lamento, pero fue así. Me equivoqué al mantener la confianza en alguien que ahora sabemos que no la merecía”. Un año después, en el Senado, y tras estallar la operación Púnica, volvió a pedir perdón. “En nombre del PP quiero pedir disculpas a todos los españoles por haber situado en puestos de los que no eran dignos a quienes en apariencia han abusado de ellos”.

“Uno de los grandes problemas de los políticos de nuestro país es bajar a la calle, vivirla día a día sin esperar a las citas electorales, sin esperar unas malas encuestas para poder vivir los barrios al lados de los ciudadanos. Esta falta de cercanía es lo que hace tan complicado pedir perdón, lo que los lleva a esconderse aturdidos por el miedo y la vergüenza. Cuando pide perdón, el político baja de forma simbólica del pedestal, de la tribuna, para agachar un poco la cabeza, reconocer su humanidad y solicitar al ciudadano su disculpa por el error. Le considera importante y espera su decisión, si le perdona o no. Aplicado a los líderes podría decirse que es una ‘reconciliación’ con la comunidad a través de la acción propia”, asegura Padula.

También pidió perdón Jordi Pujol tras reconocer que su familia poseía una fortuna en paraísos fiscales: “Expongo todo esto con mucho dolor por lo que significa para mi familia y para mí mismo pero sobre todo por lo que puede significar para tanta gente de buena voluntad que puedan sentirse defraudados en su confianza, a la cual pido perdón”. Precisamente en el Centre d’Estudis Jordi Pujol, el escritor y filósofo Francesc Torralba publicó un artículo titulado ‘El perdón, virtud política’. “No creo que sea un problema exclusivo del estamento político, ni tampoco exclusivo de España. El perdón es una virtud que requiere audacia y humildad. Reconocer el mal causado, el error cometido no es fácil, máxime cuando uno está expuesto a la mirada pública e interpreta que aquel reconocimiento puede tener un coste electoral, o puede perjudicar gravemente su imagen pública, su reputación”, explica Torralba a EL MUNDO. “Aunque reconocer el error, mostrar con humildad que se ha fallado en un determinado proceso no perjudica la imagen. Lo que perjudica la imagen es, precisamente, ocultar o esconder un error en la sociedad de la transparencia”. ¿Sirve de algo pedir perdón 12 años después de la invasión de Irak o 12 años después de abandonar la Generalitat de Cataluña? Responde Torralba: “La petición de perdón es efectiva cuando es inmediatamente posterior a la realización del error y no cuando es fruto de un cálculo maquiavélico de costes y beneficios en clave electoral”.

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