Siete llaves para desfibrilar la política

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Publicado en El Periódico.

Un grupo de música, Se Atormenta una Vecina, tomó su nombre de un juego de palabras que describe bastante bien el curso político que empezará tras las vacaciones. Y si la política pretende sobrevivir a la vorágine que ella misma provoca, deberá echar mano de cierta protección, como la solar que estos días es crucial en playas y piscinas. Todos los partidos la necesitan, jóvenes y mayores. Política cansada (que no vieja) y fresca o emergente (que no nueva). Aquí van un puñado de propuestas de choque para los políticos que quieran tomar ciertas precauciones para no quemarse en exceso, aunque en muchos casos ya estén bastante chamuscados. Un kit de supervivencia de bolsillo.

1. Renovarse (de verdad) o morir.

Pero sin necesidad de inventar nada nuevo. Se trata de evolucionar, más que cambiar. Refresh. F5. Actualizar y democratizar el funcionamiento interno de los partidos, no confundiendo discrepancia con disidencia porque sin inclusión interna no se podrá dar la externa. Y eso sin ser naíf o ingenuo. Con disposición al cambio. Sic transit. Asúmase y aplíquese a la vida de los partidos y de sus protagonistas.

2. Más que dar apoyo a la gente, sé uno de ellos.

Los partidos deben recuperar su papel de canalizador, no de controlador. Transmitir (por real) proximidad. Pisar la calle, dialogar y conectar con las personas. Y más que dar apoyo a la gente, ser uno de ellos. Lo cual exige apertura. Si los partidos cansados están al borde de la fatiga total y se han desgastado espectacularmente en los últimos tiempos en favor de formaciones políticas que suenan a más fresco, eso ha sido muy especialmente por la incapacidad de los primeros de escuchar las demandas ciudadanas y darles respuestas eficaces y a tiempo.

3. Paredes de cristal…

en menos sedes y más pequeñas. Ciertamente la transparencia total ni es posible ni seguramente útil. Pero que los partidos y las instituciones lo podrían ser mucho más que ahora, de cara a rendir más cuentas de qué hace y cómo lo hace, es de una lógica aplastante. Por tanto, es necesario apostar por una transparencia que aporte autenticidad a un proyecto y a sus protagonistas, es decir, que los acredite como ciertos y positivos. Transparencia en los procesos, en la financiación, en el mensaje, en la acción. Y paredes de cristal, sí, pero de verdad, no retórica y no como muros transparentes en las grandes sedes centrales de los partidos tradicionales, más búnker o edificio de oficinas que «casa del pueblo», bar o local social que son puntos de encuentro real de muchos ciudadanos a diario.

4. Organización ejemplar y coherente.

No se puede reclamar ejemplaridad sin ser ejemplar. Pero igual como hay gente honesta en los partidos cansados la hay en los más recientes o frescos, y lo mismo pasa con la gente deshonesta. La exigencia se centrará, pues, en las organizaciones. En ellas se debe identificar coherencia, también en este campo, un factor clave e imprescindible para tener eso que va tan buscado en política y que tanto la impulsa cuando existe y que tanto la hunde cuando falta: credibilidad.

5. Más permeabilidad a los movimientos sociales.

Los partidos políticos que surjan de la crisis que está acabando con el modelo que conocíamos hasta ahora deben ser mucho más permeables a los movimientos sociales y en general a la realidad externa a la formación. Se debe actualizar el discurso con problemáticas reales. Saber mezclar la experiencia con la capacidad de modernizarse. Y eso no implica una renuncia a la ideología sino identificar problemas que lo son en una sociedad a la que se quiere atraer como votante. Sin carnets de pureza ideológica. Si se quiere proyectar y protagonizar una idea de fuerza transversal, eso no solo pasa por un logo o marca que nos lo proyecten vía diseño (que también), sino que debe ejemplarizarse con la incorporación de personas, colectivos o movimientos sociales en las listas y en los máximos órganos de la formación.

6. No ser (tan) previsibles.

No ser previsibles en la reacción a los problemas de siempre, más cuando lo esperado, por habitual, es una reacción inadecuada. Los partidos no deben ser ladrones de tiempo, uno de los bienes más codiciados hoy día. Que no lo hagan perder ni en potencia. Y en consecuencia, que se comprometan a aquello que se sean capaces de garantizar y ejecutar. Realismo en el programa y en la acción. Con políticos que digan lo que hacen y hagan lo que dicen.

7. Desclasarse.

Evitar conflictos innecesarios pero no huir de los imprescindibles. La política, o es sinónimo de movimiento, de hacer cosas y de cambio, o no es. Y eso se debe poder aplicar también internamente, para después poder hacerlo externamente. La idea de clase política conformada por individuos que se relacionan básicamente con otros individuos de su misma especie ( online medication finasteride «casta») y que rehúyen la interacción real y el intercambio con el resto de la sociedad es uno de los grandes agujeros negros por donde desaparece a chorros la credibilidad de los partidos y de sus miembros y representantes.

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