Cuando ganar no es gobernar

Publicado en El Mundo. Por Hugo Garrido

Rita Barberá y su coche llegaron al Ayuntamiento de Valencia en 1991 sin que el PP fuera la lista más votada, con nueve concejales de un total de 33 y apenas uno de cada cuatro votos. Habría impedido su investidura la reforma de la Ley Electoral que su propio partido propuso en el verano de 2014, por la cual sólo accedería a la Alcaldía la lista más votada. En aquella ocasión, los 13 ediles logrados por el PSOE no fueron suficientes: la alianza entre los populares y los regionalistas de Unión Valenciana auparon por primera vez a Barberá. Suma cinco mayorías absolutas desde entonces.

Estos pactos no entienden de siglas. El triunfo holgado del Partido Popular en las municipales de 2011 no impidió que en la legislatura que acaba ahora surgieran 458 casos como el de Barberá en 1991. Los electores de ciudades como Zaragoza, Vigo o Gijón dieron la victoria a una formación política y los acuerdos poselectorales otorgaron el bastón de mando a otra.

Ante los comicios del domingo, la previsible irrupción de Ciudadanos y de Podemos (a través de las diversas marcas que ha apadrinado) presagia un número significativamente mayor de consistorios en los que gobernar con holgura será más improbable que en legislaturas anteriores.

PP y PSOE son las formaciones que más intervienen en el baile de sillas: 164 municipios han perdido los populares pese a obtener más votos por 192 de los socialistas. Pero hay alcaldías y alcaldías. No es igual perder la plaza de Zaragoza, con casi medio millón de electores, que la de Fuentes de Valdepero (Palencia), de apenas 300 habitantes. En el segundo caso, la suma del Partido Popular, el regionalista PCAL y una agrupación de vecinos desplazó al PSOE; mientras que en la capital aragonesa Juan Alberto Belloch conservó la Alcaldía con el respaldo de la Chunta Aragonesista e IU.

Hoy, más de 26 millones de personas viven en pueblos y ciudades regidos por el Partido Popular. El saldo total de ayuntamientos ganados o perdidos en los despachos dejó al PP sin el Gobierno de municipios que agrupaban más de dos millones de habitantes. Por su parte, las alianzas y pactos del PSOE arrojaron un saldo positivo: sus alcaldes han gobernado esta legislatura sobre 871.000 habitantes más de los que les habrían correspondido de existir el automatismo: lista más votada igual a alcaldía.

Galicia representa el paradigma de que la victoria no implica gobernar. En 2011, ganó el PP en las cuatro capitales de provincia -Orense, Lugo, Pontevedra y La Coruña- y en Vigo, pero sólo en La Coruña hay un Gobierno popular.

Después del 24-M, si los pronósticos demoscópicos se cumplen, Podemos y Ciudadanos tendrán la llave de numerosos ayuntamientos. El partido de Albert Rivera ya sufrió las consecuencias de la Ley Electoral en 2011, cuando PSC y CiU le arrebataron la Alcaldía de Gimenells i el Pla de la Font (Lérida) para entregársela a los nacionalistas. El 43% de los votos no fue suficiente para mantener el único municipio de España en el que Ciudadanos ha podido saber lo que es gobernar, tras la mayoría absoluta lograda en 2007.

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