Luces y sombras del lobby político

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Publicado por David Hernández Martínez @david_hm91

El lobby político es una terminación que en la cultura política española, ha estado tradicionalmente rodeada de cierta suspicacia, crítica y poca receptividad. Al contrario de lo que ocurre en otras democracias del mundo, en España está práctica se encuentra hasta el momento poco desarrollada.

Tanto en la idiosincrasia democrática anglosajona, como en muchos estados europeos y en el seno de la Unión Europea, el lobby político es una labor que se encuentra totalmente regulada, institucionalizada y acogida en los sistemas gubernamentales con absoluta normalidad y transparencia.

El lobby es una práctica que se encuentra en la misma esencia de la política, más notaria aun en modelos democráticos. Intentar influir en la toma de decisiones de los representantes políticos, con el fin de favorecer los intereses de un determinado sector, es algo que sucede habitualmente en el día a día.

Sin embargo, mientras que en España está bien visto que esa presión, sea realizada por agentes clásicos como sindicatos, patronal, organizaciones no gubernamentales o activistas. Se tienen mucho más prejuicios, a la hora de abordarlo desde una perspectiva profesional y adscrita exclusivamente al trabajo concreto de mediar entre actores externos a la política y los propios políticos.

En este sentido, a grandes rasgos el lobby político presenta inicialmente una serie de virtudes, que sus defensores se empeñan en destacar, mientras sus detractores le acusan de unos cuantos puntos negros.

Entre las virtudes del lobby político destaca:

  • Profesionalización de la actividad: El lobby político esencialmente se caracteriza por profesionalizar la actividad y que sean un grupo de expertos y técnicos en la materia, los encargados de trabajar específicamente y exclusivamente en este campo.
  • Mediación directa entre interesados y políticos: Los lobistas permiten con su trabajo diario, que exista una comunicación directa entre los grupos interesados y los representantes políticos, favoreciendo el entendimiento y encuentro entre ambos agentes.
  • Una nueva canalización de exigencias: En sistemas democráticos existen numerosas vías de participación política y medios de interrelación entre políticos y la sociedad civil. En este caso, el lobby político representa otra forma de que electores y representantes, se comuniquen.

Entre los defectos del lobby político hay que señalar:

  • Acusado de falta de transparencia: Bajo la sombra del lobby político, siempre está la crítica de ser poco transparente y responder a los convenientes de unos poderes muy concretos, configurándose un entramado de relaciones personales, que escaparía del interés general.
  • Tachado de poco democrático: Coaligado al punto anterior, una de las quejas más recurrentes sobre el lobby político, es considerarla como una práctica poco democrática, ya que sólo respondería a unos objetivos particulares y funcionaría prácticamente en una fina línea entre detrás de bambalinas y la ilegalidad.
  • Condicionado por grandes recursos económicos: Otra crítica muy común al lobby político, es que al ser una actividad profesionalizada y contando con personal altamente cualificado, supone un sector que en ocasiones necesita de enormes recursos, a los cuales pocos actores sociales pueden acudir.

Con todo ello, lo cierto es que el lobby político se encuentra enormemente asentado en otros países, cuya práctica no es considera como poco transparente o antidemocrática. Un fenómeno que comienza a llegar inexorablemente a este país.

De esta forma, bajo un legislación concreta y bien definida, más la consecuente transparencia y rendición de cuentas, el lobby político puede llegar a ser una herramienta muy útil para la sociedad civil.

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