Facebook cambia las reglas del juego político.

Por: Miguel Cubillo

Tras las últimas noticias sacadas a la luz sobre cómo la red social fue utilizada en el año 2016 para influir en las elecciones, Mark Zuckerberg, ha anunciado las nuevas medidas que la compañía ha adoptado de cara a las elecciones presidenciales estadounidenses de noviembre de 2020.

Las medidas se suman a las ya existentes para cualquier elección democrática (reforzadas durante las elecciones al Parlamento Europeo) y a las específicas anunciadas en octubre de 2019que buscaban evitar bots; proteger las cuentas de los implicados frente a posibles hackeos; aumentar la transparencia de las páginas mostrando el nombre del propietario; etiquetar los medios públicos de comunicación en las páginas y en la contratación de publicidad; y facilitar la transparencia sobre el gasto en publicidad de los candidatos.

Además de reforzar algunas políticas como la identificación y eliminación de grupos o perfiles falsos o que promuevan la violencia, entre las nuevas medidas anunciadas la más destacada es sin duda la prohibición de contratar nueva publicidad  durante la última semana de campaña. “Los anunciantes podrán seguir publicando anuncios que comenzaron a publicar antes de la última semana y ajustar la segmentación de esos anuncios”. Según la compañía esto permitirá al resto plantear reclamaciones frente a falsedades o ataques injustificados y permitirá que “cualquiera, incluidos los verificadores de datos y periodistas, pueda escrutar los anuncios.”

Otras incluyen la colaboración con las autoridades electorales estatales (ya que en Estados Unidos la legislación electoral depende de cada Estado) para “identificar y eliminar” las publicaciones o la publicidad que incluyan “falsas reclamaciones sobre las condiciones de votación”.

Facebook Messenger  limitará los reenvíos de mensajes como ya estableció la compañía para WhatsApp, restringiendo “el número de chats a los que puedes enviar un mensaje al mismo tiempo”.

Además, se compromete a reforzar medidas frente a la abstención, evitando cualquier tipo de información falsa que desincentive el voto, incluyendo aquella relacionada con el COVID-19.

Por último, incluye un conjunto de medidas relacionadas con el recuento, para evitar publicaciones que aprovechen las dificultades del mismo para deslegitimar el resultado, o el sistema electoral. En esta línea, utilizarán la información oficial para ayudar “a la gente a entender que no hay nada ilegítimo en no tener resultados en la noche de las elecciones.”, etiquetando como “NO OFICIAL” aquellas publicaciones que declaren la victoria antes de publicarse de forma oficial y redireccionando hacia la web. En esta línea etiquetarán también aquellas publicaciones que persigan “deslegitimar el resultado de la elección o debatir la legitimidad de los métodos de voto”, y ofrecerá información oficial sobre la legitimidad de los mismos.

Se trata de un conjunto de medidas ambiciosas, que plantean un mar de dudas, siendo la primera y más evidente la legitimidad de una compañía privada para establecer limitaciones que afectan de manera clara a la libertad de expresión y a la participación política (vinculada estrechamente a la libertad de expresión, especialmente en campaña electoral). Como ocurría ya con otras medidas existentes, la insistencia por proteger la legitimidad democrática puede silenciar el intercambio de información esencial para una campaña electoral y acallar denuncias legítimas y amparadas en estos derechos fundamentales.

La medida de impedir la contratación de anuncios durante la última semana resulta innovadora y  es una solución para evitar uno de los problemas más difíciles de resolver: la capacidad de reacción eficaz en un canal de comunicación digital que necesita apenas unos minutos para publicar un mensaje. Sin embargo, esta medida no eliminaría el problema de raíz ya que las publicaciones no pagadas pueden lograr una difusión similar mediante extractos de vídeos o titulares de noticias. Esta decisión no resuelve otros problemas de la publicidad política como  el uso del microtargeting político (Google sí está intentando limitarlo) que para muchos es la verdadera amenaza.

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